No coló el argumentario de los tarjetistas. Los black guys de Caja Madrid, cuatreros con maletín y poltrona tarjetera, se gastaron el dinero de la Caja a mayor gloria de sí mismos sabiendo perfectamente lo que hacían. Sabiendo que el dinero no era suyo, que no formaba parte de su salario y que menos aún podían considerarse las compras en el Duty Free, en la marisquería, el restaurante El caciquito (muy propio), la lencería fina y los masajes filipinos.
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