La purga se quedó en purguita. O con "ele". En pulguita. Se personó el fiscal general del Estado en el Congreso ayer a sacudirse las pulgas y despachó sin peinarse las críticas de una oposición que se afeitó a sí misma las astas. Sin despeinarse, y no sólo porque sea calvo. El formidable huracán que se anunciaba se quedó en suave brisa marina. Sin bajarse del autobús resolvió su comparecencia el señor Maza.
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