Existió una vez un francés llamado Emile Boirac que aunque se pasó la vida publicando traducciones de obras populares al esperanto —él era un gran esperantista, no de Esperanza sino de esta lengua universal— acabó pasando a la historia por el último libro que hizo, que estaba en francés y trataba sobre las ciencias psíquicas. El amigo Emile era un filósofo al que le interesaba más el espiritismo, la telepatía y la telequinesia, que la filosofía. Y uno de los fenómenos que más le seducía, y por el que acabó siendo recordado, era el de la paramnesia. Más conocido por el nombre que él le dio, y que seguro que a usted le suena: el déjà vu.
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