Les voy a contar una historia. Había una vez un circo… no el de Miliki sino uno más antiguo, en una localidad de Wisconsin allá por 1880, en el que una tarde de verano —la función ya en marcha, el aforo completo, familias enteras entusiasmadas— el domador de las fieras abrió la jaula donde le esperaba el tigre. El público contuvo el aliento. El domador inició su número habitual, dio órdenes al temible felino, se acercó a él con sigilo. Y entonces el tigre le soltó un zarpazo, lo tiró al suelo y lo dejó allí malherido.
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