Un día en el que puede pasar de todo. O en el que puede que no pase nada nuevo. En dos horas termina el plazo. Seguro que usted lo sabe. El segundo plazo que le dio Rajoy a Puigdemont para que cese la rebeldía, abandone la insurrección y empiece a comportarse como un gobernante constitucional. Naturalmente Rajoy no se lo dice con estas palabras tan ásperas —no vaya a herir los sentimientos del líder insurrecto—: lo que le dice es que regrese a la legalidad, estimado Carles, por el bien de todos. O en expresión suprema del marianismo gobernante, "para evitar males mayores y no tener que hacer lo que no quiero".
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