Villar, el incombustible; Villar, el intocable; Villar, el eterno; cometió un error. Midió mal su fuerza. Se sobrevaloró. Creyó que podía ganarle el pulso a cualquiera y olvidó que hay pulsos que terminan de manera engañosa. Que parece que los has ganado tú pero, en realidad, no han terminado. Y que pasarte de listo sólo conduce a que te acaben levanten las vergüenzas y te dejen con el trasero a descubierto. Delante de un juez, que es la situación más incómoda para estar en cueros.
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